Sonia Barriga Velasco, Terapeuta, Montgat

Participar en el Programa P-ROC® ha supuesto uno de los viajes más profundos y transformadores de mi vida. Durante nueve meses, repartidos en nueve módulos, he vivido un proceso personal que ha cambiado la forma en la que me relaciono conmigo misma, con mis emociones y con mi propia historia.

A lo largo del programa ha sido un proceso intenso en el que he trabajado mis corazas, mis memorias dolorosas y he transitado emociones muy profundas y, en muchos momentos, difíciles de sostener. Poco a poco he aprendido a estar más presente en mi cuerpo, a escucharlo y a comprender que en él se encuentra mucha de la información que mi mente había intentado silenciar durante años.

Uno de los mayores aprendizajes ha sido desarrollar una mayor conciencia sobre mi propio proceso. He conectado con muchas partes de mí que permanecían ocultas y reprimidas, pero, sin duda, lo que más me ha impactado ha sido el encuentro con mi niña interior.

Descubrir el dolor con el que vivía atrapada en mi inconsciente, llena de miedo, confusión y tristeza, ha sido una experiencia profundamente conmovedora. Durante mucho tiempo esa niña permaneció sola, esperando ser vista y acompañada. Poder rescatarla, mirarla con amor y volver a conectar con ella me ha hecho sentir mucho más completa. Hoy siento que ya no está sola. Sabe que todo aquello que vivió forma parte del pasado y que la adulta en la que me he convertido está aquí para sostenerla, protegerla y seguir sanando nuestra historia.

Las sesiones individuales con Judit fueron, al principio, todo un reto para mí. Me encontré con muchas resistencias. Sin darme cuenta, esa dificultad reflejaba mi manera de relacionarme con mi dolor y con mis emociones. Yo no sabía quedarme. No era capaz de permanecer presente cuando algo me dolía. Siempre intentaba escapar. Mi mente encontraba cualquier excusa para sacarme de ese estado de presencia y evitar sentir.

Gracias al acompañamiento de Judit, poco a poco aprendí algo que hoy considero uno de los mayores regalos que me llevo del Programa P-ROC®: aprender a habitarme. Aprendí a permanecer, a dar espacio al dolor sin huir de él, a prestar mi cuerpo y mi presencia a esa parte de mí que durante tantos años solo necesitó ser escuchada y abrazada.

Este primer año en el Programa P-ROC® ha supuesto una transformación muy positiva. Puedo decir con total sinceridad que no soy la misma persona que comenzó este camino. No me siento igual, porque ahora me conozco mejor, me comprendo más y me trato con mucha más compasión. Todo ello ha sido posible gracias al programa y, especialmente, al acompañamiento tan respetuoso y amoroso de Judit.

Además del trabajo vivencial, las clases teóricas me han aportado grandes aprendizajes y numerosas tomas de conciencia. Hubo una en especial que me marcó profundamente: comprender cómo el «humano» puede llegar a desconectarse del «Ser». Entender este concepto me permitió reconocer la importancia de volver a encarnar mi Ser, de vivir desde un lugar más auténtico, más presente y más conectado con mi esencia.

Otro apoyo fundamental durante este proceso ha sido el libro de Judit Mateu, Sobrevivir en la mente o vivir en el corazón. Su lectura me ayudó a comprender muchas de las experiencias que estaba atravesando y puso palabras a sensaciones que hasta entonces no sabía explicar.

Si tuviera que resumir estos nueve meses en una sola palabra, esa palabra sería transformación. Ha sido un viaje interior que me ha permitido reconciliarme con partes de mí que permanecían heridas, recuperar mi capacidad de sentir y, sobre todo, validar una emoción que durante mucho tiempo me costó permitirme vivir: la alegría.

Me gustaría terminar con una frase de Nazareth Castellanos que ha resonado profundamente en mí durante todo este camino: «Mirar hacia dentro implica corazón, cerebro y coraje.» Y precisamente eso es lo que hemos tenido durante estos nueve meses: mucho corazón, mucha entrega y mucho coraje. El de Judit, el de todas las compañeras y también el mío.

Gracias, Judit, por crear un espacio tan seguro y compasivo, por acompañarnos con tanta sensibilidad y por enseñarnos que sanar no consiste en dejar de sentir, sino en aprender a sostenernos con amor mientras lo hacemos. Gracias por caminar a nuestro lado y por hacer posible esta transformación que, sin duda, marcará un antes y un después en mi vida.